Entrevista en Tiempo Argentino: "La industria siempre nos dice a las mujeres que nos falta algo"




"La industria siempre nos dice a las mujeres que nos falta algo"

El libro está integrado por Mujeres en el baño, Mujeres en ningún lugar y Mujeres en el aire, tres obras teatrales que cuestionan sin vueltas la sociedad patriarcal y las concepciones machistas que terminan por naturalizarse.

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En Mujeres en el Baño –la obra de teatro que tras su paso por el off se transformó en un éxito y se trasladó a calle Corrientes– aparece la historia de una chica que en lugar de menstruar por la vagina menstruaba por la boca. Avergonzada, se llenaba la boca con pañitos hasta que se cansó de estar muda siete días por mes. "Desde entonces, cada vez que la besan, tiene un orgasmo", decía una de las actrices. En Mujeres en el Aire (estrenada en 2012 en la Fundación Konex) el cuerpo femenino es el espacio donde el mercado experimenta con dietas, cirugías y afán de perfección hasta que las protagonistas, literalmente, revientan. Y Mujeres en ningún lugar es, por ahora, una incógnita. Estos textos fueron escritos por la dramaturga Mariela Asensio y compilados en Mujeres en 3D, editado por Textos Intrusos. El libro se presenta hoy a las 20:30 en el bar Funes y la Maga (Borges 1660).

–¿Por qué transformaste las obras en libro?
–Yo siempre llegué a los cosas por intuición. Empecé a escribir porque quería dirigir. Empecé a dirigir porque quería actuar. Me gusta la creación como totalidad, entonces nunca me preocupé demasiado por decir "hasta acá una cosa y hasta acá, otra". En la medida en que avanzás con la escritura de tus obras, te volvés más exigente y querés que esa escritura adquiera entidad por sí misma, exista más allá de su posterior puesta. Pasa que el teatro tiene una diferencia concreta con la literatura: es un hecho que lo ven quienes lo ven y después no existe más. Así que un libro permite que el texto sea menos volátil, permanezca.
–En el prólogo, Moira Soto dice que sos "una mujer de teatro que expresa su feminismo a través de sus obras". ¿Por qué crees que para muchas mujeres es tan difícil asumirse como feministas siendo que, más allá de las diversas posturas y corrientes, se trata de derribar los poderes patriarcales y crear un mundo mejor para todas?
–A mí me parece más simple. Soy feminista desde el momento exacto en que me di cuenta que vivo en un mundo y una cultura donde, por ser mujer, me tenía que bancar cosas que no estaba dispuesta a bancarme. Por ejemplo, que cualquier hombre me pueda decir lo que quiera en la calle. Y cuando decís "no me gusta" te responden "ay, no seas exagerada que si no te piropean te querés matar". Entonces eso, que está tan naturalizado, a mí no me parece normal sino atroz. Las mujeres mueren a manos de sus parejas. Las mujeres mueren por abortos clandestinos. El machismo, tan latente en lo cotidiano, un día te explota en la cara de la peor manera.
–¿Cómo se fue incorporando esa mirada a tu escritura?
–Casi como una intuición. Escribí Mujeres en el baño en 2007 y se estrenó al año siguiente. Estaba llegando a los treinta y me había separado. Pensé: "yo tendría que estar pensando en tener un hijo, no en separarme." Y después me dio horror bancarme esa bajada de línea. No sabía bien cómo rearmarme. Me fui a España con una beca de la Fundación Carolina para seguir estudiando dramaturgia y después, cuando volví, me fui a vivir al departamento del piso de debajo de mi amigo José María Muscari. Tenía libros, discos, un colchón y nada más. Escribí la obra en un locutorio. Y decidí reírme del desastre. Y hablar de las mujeres sin vueltas, de cómo tenemos sexo, nos masturbamos, deseamos a un hombre, a una mujer, a dos, de cómo existimos por fuera de los mandatos. El arte funciona así. Empieza por una necesidad que va tomando forma. Así que dije lo que quise, como esa chica que se saca el pañito de la boca que a vos te causó gracia.
–¿Cuándo escribiste Mujeres en el aire, que aborda el cuerpo de las mujeres como mercancía, ya estabas embarazada?
–Sí. Y es que tengo una mirada muy crítica sobre el capitalismo patriarcal, basado en la baja autoestima de las mujeres. Hay una industria que vende sus productos porque insiste en decirnos que siempre nos falta algo, que podemos estar más flacas, más lindas, más jóvenes. Y además, no es que yo hablo de lo que supero sino de lo que me duele. O sea, me delineo los ojos, me depilo, me hago claritos. Es un ejemplo pavo pero me refiero a que no juzgo a quien quiere verse bien porque yo también quiero verme bien. Pero ¿cuál es el límite? Cuando ya te traspasa, cuando ya no es algo que tiene que ver con vos sino con necesidades que los otros quieren que tengas. La estrené cuando mi hijo tenía dos años. Ahora tiene tres.
–¿La maternidad ha modificado tu discurso?
–Para nada. Básicamente porque lo que quiero decir es también lo que quiero transmitir a mi hijo de alguna manera, en algún momento. Ojalá mi hijo tenga una visión feminista del mundo aunque no desconozco lo difícil que es eso si a los tres años ya me está hablando de que el rosa es de nena y el azul es de nene. Y obviamente hay cosas que no lo voy a llevar a ver. En Malditos (todos mis ex), que es la obra que estamos haciendo ahora con Reynaldo Sietecase, hay situaciones de sexo que no quiero que mi hijo vea. Pero no tendría problemas en que las mamás del colegio vean mis obras o lean este libro. Esto es lo que soy. Hay que bancársela.
–¿Y qué pasa con Mujeres en ningún lugar?
–Quiero abordar el tema de la trata poniendo en foco al cliente. Porque los tipos que consumen prostitución están alrededor, son nuestros tíos, nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros amigos y hasta nuestras parejas. Por otro lado, el teatro tiene una estructura muy burguesa: yo pago para que vos me muestres a ver si me vas a gustar. ¿Es muy distinto de la trata? Sí, pero comparte cierto mecanismo perverso. Sé que estoy haciendo un trazo grueso que puede sonar mala onda. Pero me gustaría que no haya que pagar para ver esta obra, que no se delimite cuál es el espacio entre el actor y el espectador. Me gustaría llegar a un público que quizás no pagaría para ver teatro. Son aspiraciones que no coinciden con el formato clásico de teatro, cuyos márgenes me vienen asfixiando. No sé cómo lo voy a hacer, pero ya se me va a ocurrir.  «


una trayectoria
Mariela Asensio es actriz, dramaturga y directora. Dirige y escribe desde que tiene 18 años. Entre sus espectáculos se destacan Hotel melancólico, Lisboa el viaje etílico y Crudo, además de las obras que integran su libro. Su espectáculo Mujeres en el baño se presentó en Colombia y en México, en donde también puede verse Mujeres en el aire dirigido por Ana Francis Mor. Fue nominada a los premios ACE, Trinidad Guevara, Florencio Sanchez, entre otros. También dirigió espectáculos en España, Francia, México y Panamá. Escribe la columna "Escenas de la vida diaria" en el blog revista Damiselas en apuros que lleva adelante Moira Soto junto a otras mujeres. Todos los lunes de 22 a 24 hace radio con Muscari en la Radio de la UBA.

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