HOY EN TIEMPO ARGENTINO: "Quería reírme de lo que me duele"

Mariela Asensio, actriz

"Quería reírme de lo que me duele"

Explica la génesis y propósitos del espectáculo que escribió, dirige y actúa. El debate sobre  "lo femenino", la persistencia del "machismo recalcitrante" y la estrategia de la catarsis.

A       punto de reestrenar Vivan las feas, en el Teatro de la Comedia, la obra que escribió, dirige y actúa, Mariela Asensio vuelve a poner el dedo en la eterna pregunta sobre qué es lo femenino y si las desigualdades son ventajas o desventajas, según quién las mire. Vivan las feas se presentó en el ciclo Autoras Argentinas, en el Teatro Nacional Cervantes y formó parte de la programación 2014 del Centro Cultural Ricardo Rojas, en el marco de los festejos de los 30 años. Egresada de la Escuela de Arte Dramático, Asensio ya conoce el éxito de las tablas con la obra Mujeres en el baño que pasó del circuito off a la calle Corrientes y con la que llegó a México. Otras obras suyas son Hotel melancólico, Lisboa el viaje etílico, Crudo, Inacabado, y Malditos todos mis ex.
–¿Existe lo femenino como género literario, de teatro o de cine?
–No me gusta pensar en términos de lo "femenino". Creo que existen personas que escriben, dirigen, actúan, pintan y un largo etcétera. Siempre me fastidió clasificar un género como femenino por el simple hecho de que lo lleva adelante una mujer. A nadie se le ocurre hablar de "género literario masculino". En algún punto, siempre nos ubican en un lugar de la diferencia. Como si hubiera un modo correcto de ser y otro distinto al que hay que clasificar, en este caso como femenino. Sí creo en la perspectiva de género, en la visión crítica, en la ideología. No me considero vocera de nadie, menos aún de lo que se denomina "femenino", que no tengo ni idea qué es. Sí me asumo como una mujer feminista, en el sentido más concreto de la palabra. No acepto el orden de las cosas de una cultura desigual.
–¿El amor para toda la vida no existe, no existe ahora o nunca existió y antes las mujeres se resignaban?
–Nada en la vida es eterno. Ni siquiera la propia existencia. Las personas cambiamos contantemente. Apenas podemos convivir con nosotras mismas. Asumir un amor, un sentimiento, como algo eterno, es negar lo más real e indiscutido que tenemos las personas: la posibilidad de cambio, la mutación, la transformación y el libre albedrío. Lo que cambió con los años es la cabeza de la gente, pero también las leyes. La institución familiar como entidad católica quedó atrás. Nuevos paradigmas de lo que es una familia toman el centro de la escena. Y entonces nos damos el permiso de vivir más en sintonía con el propio deseo y la propia verdad. Mejor así. Creo que la idea de familia que arrastramos es nefasta, egoísta y de un machismo recalcitrante.
–¿A qué atribuye el éxito de 50 Sombras de Grey? ¿Se debe a la idea de una fantasía femenina universal?
–No vi la película ni leí el libro. De todos modos, en el plano de lo sexual no creo que ser objeto desde la perspectiva masoquista sea un atributo de la fantasía de las mujeres. El plano de la fantasía sexual es muy amplio, y las mujeres son muchas personas.
–¿Cree que la mujer decidida y autosuficiente no encuentra hombres porque ella se volvió un poco hombre?
–No. Porque la decisión, la autosuficiencia, la iniciativa sexual y/o erótica y la capacidad de emprender, no son atributos masculinos. Entonces, ¿por qué tener dichas aptitudes te volvería masculina? La cultura patriarcal ha construido y naturalizado un orden de las cosas absolutamente injusto y autoritario, en el cual todo se confunde, y se le atribuyen a los masculino y a lo femenino conductas determinadas. Un disparate.
–¿Qué la llevó a escribir la obra de teatro Vivan las feas?
–Partí de mis propias contradicciones. Siempre escribo de lo que me atraviesa de algún modo. Quería reírme de lo que me duele. Quería darle voz a mujeres de diferentes generaciones y quería tambien despedazar a Ricardo Arjona. Quería llegar a los hombres para que puedan repensar con nosotras las cosas. Vivan las feas es una fiesta y a la vez es un grito de guerra. Es una catarsis y a la vez es un show. Quería hablar de lo que implica ser mujer en el mundo actual a los veinte, a los cuarenta y a los setenta años. Quería refexionar acerca de mi edad, mi cuerpo, la belleza, el éxito, el fracaso, la fama, la plata, los electrodomésticos, el Facebook. En fin, hice un combo trash de emociones variadas. «

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