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MARIELA ASENSIO, DRAMATURGA FEMINISTA

“La nueva condena hoy es estar buena”

Mariela Asensio, dramaturga feminista
“La nueva condena hoy es estar buena”




































Por Florencia Guerrero
"Si no te desean, no existís. Si carecés de belleza, mejor morirte pronto”, se lee entre líneas en los textos que ha dado a luz Mariela Asensio, que lleva años retratando la cultura argentina y el universo femenino que supimos conseguir. A la autora de Mujeres en el baño, Hotel Melancólico y Lisboa, el viaje etílico, julio la encuentra con tres obras en cartel: Vivan las feas, Malditos todos mis ex y el último estreno, Nadie quiere ser nadie.
¿Una mujer fea es débil?”, se pregunta una de las actrices, mientras Asensio –que en Vivan… hace de sí misma– pedalea una bicicleta fija sin fin. Está una hora y pico pedaleando, mientras cuatro mujeres de diferentes generaciones debaten el duro oficio de ser “el sexo débil” en los tiempos que corren. “El 90 por ciento de la gente cree que machismo y feminismo son la misma cosa pero al revés. Nos falta educar mucho. Yo trabajo para que llegue el día en que no maten más chicas. ¿Llegará ese día? Es difícil”, se pregunta y responde la dramaturga que ha hecho de la manufactura de sus textos, una herramienta de disputa política.


–¿Cómo llegás a que la posición de la mujer en los tiempos que corren sea tu objeto de interés?
–Siempre me pregunté cómo llegamos las mujeres a este lugar en el que estamos y esta vez me puse a pensar cómo es una piba de 20 y otra de 40 o de 50. Hemos avanzado mucho pero en el inconsciente colectivo no paramos de atrasar. Lo que va pasando con esos cambios en que resultan en otra cosa, por ejemplo, la nueva condena hoy es estar buena. Nos liberamos de la cocina, de ser amas de casa, pero ahora la condena es otra y es igual de insoportable. 


–¿Es como una carrera imparable?
–Claro. Pensá que ahora la idea es que tenés que estar buena, ser flaca, y respetar ciertos estándares de belleza. Es agobiante y muchas mujeres terminan creyendo que la cosa es por ahí. Igual, lo que más cuestiono tiene que ver con mis propias contradicciones.


–¿Somos las mujeres nuestro peor juez?
–El machismo es un problema de hombres y mujeres. La peor parte nos la llevamos nosotras, pero también somos nosotras el verdugo. La cultura es un tema que no alcanza sólo al ejercicio masculino, nosotras aprendemos que ciertas cosas son normales y atentamos contra nuestra propia libertad. La violencia de género es una construcción y para que a una mujer la lastimen, antes pasan muchas otras cosas que son naturalizadas.


–¿Cómo se llevan los hombres con tus textos?
–Hay muchos que se sienten identificados y otros reaccionan mal. Pasa en las redes sociales que me encuentro con mucha violencia. Las mujeres empatizan pronto, pero muchos tipos responden muy bien, tal vez la obra les entra más por el humor.

–¿Tal vez porque criticás a Arjona?
–Es que se lo merece. Ese punto también es increíble. Arjona es casi un icono femenino pero no para de bardear a las mujeres. Es un misógino que se hizo millonario gracias a eso.


–¿El teatro es militancia?
–No siempre estoy haciendo obras de orientación feminista, pero naturalmente soy así. Cuando escribo me atraviesa lo que soy. Uso lo que me pasa a mí en la vida. Ahora empecé a notar que tengo un público que conoce y sigue lo que hago.


–¿Te bancarías escribir y no dirigir?
–La verdad es que no me imagino escribiendo sin dirigir la obra porque para mí una cosa y la otra se conjugan. En Vivan las feas actúo, pero bien puedo prescindir de eso, en todo caso. Lo otro no, si escribo es porque quiero dirigir esa historia.


–Hablando de géneros, ¿las cosas en la dramaturgia hubieran sido más fáciles si eras hombre?
–Soy una agradecida, siempre fluí con el trabajo y me gusta lo que hago. Si fuera hombre hubiera llegado a otros lugares. Fijate en el teatro oficial o en el comercial, es muy fácil hacer la cuenta de cuántos hombres hay dirigiendo y cuántas mujeres. Somos mayoría pero siempre somos minoría. En los teatros oficiales es grosera la diferencia. 


–¿Ves tele?
–No, y no es una pose. Hay toda una generación que está apuntando para otro lado. Me aburre la televisión, la mayoría de las historias no cuentan nada de mí y de muchas personas. Las cosas ahora pasan por Internet, en YouTube. Por eso sufren los que hacen televisión, el problema es que no se les ocurriría cambiar los contenidos que generan. Prefieren perder público. Son las fallas del sistema. 





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